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Déjame en tus brazos...

...que me acomode en ellos. No digas nada. Estoy harta de todo y no quiero pensar. Quiero olvidarme de esos dolores que me acechan por la mañana y profetizan mi desgaste. No quiero pensar en la comida que tengo que preparar, ni en todo lo que tengo que planchar, ni en las historias de mi trabajo, ni en qué cara traerá mi marido cuando vuelva por la noche. Hoy no quiero lamentarme de un pasado gris, ni conjeturar un futuro que, hoy por hoy, lo veo negro; sólo quiero vivir este rato del presente...a tu lado.
Desprendámonos de todo ese mundo que está fuera de nosotros, empezando por nuestras ropas en las que llevamos prendidas tanto de la costumbre y de nuestra mediocridad. Una vez que te abrace con mi mirada, que haya provocado tu deseo, déjame que cierre los ojos...¡estoy tan cansada de sostener este corazón de a medios latidos! Y conviérteme en títere de tus dedos. Hoy no me resistiré a nada, todo lo contrario. Haz de mí lo que quieras, no lo que creas que a mí me gustaría, simplemente lo que a ti te apetezca hacer de mí y de mi cuerpo. Espolvoréame con el olor a melocotón dulce que desprende tu sexo y arráncale a mi piel, acezante de tus caricias, estertores placenteros. Estoy seguro de que así, dejándome laxa en tus brazos, como si fuera sólo parte de ti, voy a disfrutar como nunca hubiera imaginado. Abre tus brazos...¡soy toda tuya!
Agradeciéndote

Sí, son muchas las cosas que tengo que agradecerte en estos años en que la vida ha consentido en engranarnos, pero hay un par de ellas que quería destacarte especialmente: desde que te conocí, no he vuelto a saber lo que es la sequedad en mis labios ni la soledad en mi corazón.
Cara limpia

Hacía mucho tiempo que no nos veíamos y cuando te vi me llamó la atención ver tu "cara limpia", sin rastro de maquillaje ni pintura. Pareciste advertir mi relativa sorpresa porque me dijiste:
-Aunque me suelo pintar habitualmente un poco, hoy decidí que era mejor no hacerlo porque al quedar contigo, preferí que cuando nos despidiéramos tú siguieras con tu cara limpia.
No pudo menos que sorprenderme gratamente tu ocurrencia y cuando, tras doce horas inolvidables, nos despedimos comprobé que tenías razón...a pesar de todo yo seguía con la "cara limpia".
Con mi escritura...

...quiero combinar letras, elaborar palabras y trenzar ideas que se abracen en torno a ti. Me gusta que reposes en ellas, desprendida de esos lastres que enmarañan tu vida cotidiana, y remansen suave y dulcemente tu ánimo. Ojalá que encuentres en ellas ese rincón que alivie tu tensiones, despierte tu imaginación, avive tus ilusiones, excite tus rutinas y alimente tus deseos...incluso esos que mantienes más recónditos.
Anhelo que en mis palabras escuches mi corazón que te habla , sólo a ti transformando nuestra conexión en íntimo diálogo y en un cauce fluido que vaya directamente a tu yo más profudo y sustituya, en lo posible, a toda esa comunicación de miradas, gestos, sonrisas, caricias...que la distancia nos impide. Con tus palabras, así mismo, vas logrando convertirme en parte de ti y te puedo asegurar que ese beso con el que siempre me despides es mucho más cálido y apasionado que esos otros cotidianos, casi forzados, que quedan prendidos en mis labios por efímeras pinzas, lo que produce que en seguida se desprendan.
Agua dos

Ven, acércate, no te quedes en la puerta. Cuando te dije que quería pasar un buen rato a tu lado ¿qué te imaginaste? ¿Te sorprende? Hombre no pongas los ojos como platos ¿no has visto nunca los pechos de una mujer? Ya veo que para desnudarte no necesitas ayuda, pero no corras, no hay prisa. Tenemos toda la noche para nosotros. ¿Sabes? Me gusta mirarte y dejar que mis ojos aviven mi deseo, cuando se posan por esas porciones de tu cuerpo que vas dejando al descubierto. Disfruto viendo tu sexo con ese manojillo de pelos que lo adorna y que va despertando levemente a mis palabras. No te preocupes en doblar la ropa sobre la silla, tranquilo que, nadie entrará para quejarse de que el cuarto está desordenado. Pasa aquí conmigo, no hay mucho sitio pero cabremos bien los dos. Mete la pierna con cuidado, tampoco es cuestión de que te pegues un resbalón en la bañera. Colócate de espaldas entre mis piernas abiertas, el agua está calentita. ¡Qué a gusto el tenerte tan cerca con tu espalda pegada a mi pecho y tus nalgas duras apretando mi barriga! Déjame abrazar tu cintura con mis piernas. ¡Huy! ¿Qué es esto que he atrapado entre mis pies? Me gusta sentirlo como ahora ya está endurecido y esa imagen que parece un periscopio saliendo oteante del fondo de la bañera. Es como si estuviera intentando curiosear algo. Siempre me ha gustado la forma de tu cuello, tus orejas y…el sabor que tiene que se mezcla ahora con el de la espuma. ¿Puedo masajearte tu pelo? Lo tienes muy suave y ahora mojado es maravilloso el sentirlo entre mis dedos. No te muevas. ¡Qué duras se te están poniendo las tetillas! Me gusta juguetear con ellas, excitarlas y excitarte, arañar tu pecho con mis uñas afiladas, sumergir mis dedos bajo el agua, primero buscando tu ombligo y luego rodeando tu parte más preciada y que tanto me excita. Noto como te sientes cuando mi mano derecha se cierra a su alrededor e inicia un movimiento de vaivén, primero despacio y luego a más velocidad. Con mi oído en tu espalda noto la excitación en los aleteos de tu respiración y el deseo que me contagias y hace que mi humedad se mezcle, confusamente, con el del agua de la bañera.
Ahora me estaré quieta. Ya que al ser sordomudo tus labios no hablan, dejaré que lo hagan tus dedos. Vale me callaré que soy una cotorra, pero con una condición: ¡hazme tuya! ¡ya!
Voy a levantarme

(dibujo de Aires)
Con estas tres palabras y un beso ingrávido, pendido en el aire, y esfumado, casi antes de emitirlo, te levantaste otro sábado más de la cama. No te gusta que te despierte cuando estás dormido para dibujar caricias sobre tu piel, ni tampoco que un madrugador insomnio trastabille tu sueño. El silencio, sólo quebrado por los leves roces de tu cuerpo sobre la sábana ¡quién fuera sábana!, aniquilaba con su presencia aquellos minutos del amanecer. Llevabas un rato dando vueltas, yo me daba cuenta y permanecía quieta con la excitación creciente y esa expectativa no por más larga menos frustrada. Una vez más echo de menos tu cercanía y tu deseo, que no tu presencia que me revelas vacía de cualquier adorno emotivo. Sé que mi cuerpo no es, ni mucho menos, el de nuestros primeros tiempos y que el reloj ha marcado en él sus arrugas pero mi necesidad ha ido en aumento. Aunque casi perdido en un rincón de mi memoria, aún puedo sentir en mi lengua el dulzor que emitía tu piel. Ansío sentirme deseada, que cada centímetro de mi piel estalle con la explosión de tus caricias. ¡No puedes imaginarte, fruto de este intenso desgarro, los gritos mudos que lanzo al aire sin que tus oídos puedan escucharlos!
Sabía que esos despertares te alteran y que cuando no puedes dormir, esa sensación de “perder el tiempo” te inquieta. ¿Nunca tienes ninguna ocurrencia fuera de guión? ¿No puedes suponer que el cuerpo que tienes a tu lado está deseoso de esas caricias que le niegas? Pero se puede hacer tarde para todas esas cosas que son “imprescindibles” hacer en un sábado por la mañana…
Eres incapaz de que el reloj pare su marcha, de olvidar el tiempo y de sumergirte conmigo en esos juegos amorosos en los que disfrutemos mutuamente de lo mejor que el otro nos da. Sigue así y al final del día, probablemente, estés contento de que todas tus cosas están convenientemente hechas, pero ignorarás que no has realizado la que para mí, sin duda, es la más importante.

