05/07/2008
Echar de menos

Cuando tras vanos esfuerzos de que tus caricias fueran respondidas, puso fin a tus intentos aquel beso...casi imperceptible, escrito trabajosamente en el aire, desnudo de pasión, de sentimientos invisibles...entonces...no pudiste dejar de echar de menos aquellos otros besos...encendidos en ternura, luminosos, que cada uno pedía otro y en que los labios se fusionaban como llamas encendidas. Fue cuando cerraste tus ojos y tus labios, y pudiste encontrar en tu saliva rastros de aquel inolvidable y maravilloso sabor, que aún tenías reciente.
25/06/2008
Tardes de junio

Tardes de junio de color de melocotón, aromas a azahares tardíos y playas, aún, gratamente solitarias. Transición entre el recio frío y el calor sofocante, donde la prisa se detiene y prepara el ánimo para esa época venidera del solaz de los minutos lentos en que ni reloj hace falta, tal vez sólo el de arena en que la lenta caída de sus granos sirve de distracción para la vista. Luces que se alargan en el cielo, ahuyentando la noche hasta madrugadas imposibles. Trastoque de armario, acopio de libros. Y cuando los primeros lametones veraniegos entreveran sus caricias alrededor de mi cuerpo, yo, desnuda en esta tarde, mientras sueño, me dejo mecer, sin prisas, en los brazos amorosos de la siesta.
14/06/2008
Suelta las manos...

...déjalas libres, que vuelen rasgando el aire hasta llegar a mi cuerpo. Llevo mucho tiempo cerca de ti, pero hasta hoy no me he atrevido a hablarte tan claro. Deja de agarrarte esos dedos, como si su mutua cercanía, les diera seguridad. Abandona esos equivocados prejuicios, que te hacen permanecer estática y muévete con la sinuosidad de una sierpe. Que tus dedos construyan caricias sobre mi piel, que despierten en mi esas sensaciones soñadas y que te has resistido, hasta ahora, a hacerme vivir. ¡Hazlo por mí!
-¡Oiga! Es ya la hora de cerrar el museo.
Este hombre no debe andar muy bien, lleva días acudiendo a esta sala y colocándose detrás de esa estatua. Y hoy me ha dado la impresión de que estaba hablando solo.
30/05/2008
Un viejo amigo

Estaba tumbada mirando por la ventana con mirada soñadora, cuando una ráfaga de soledad aventó mi cuerpo y los poros de mi piel respondieron abriéndose e intentando captar las dulces y placenteras sensaciones cuya nostalgia me herían.
Fue, entonces, cuando te vi. No estabas lejos de mí, es más, diría que estabas muy cercano, viejo amigo con esa imagen atractiva y estilizada que siempre te ha caracterizado. Nos conocíamos bien, desde hace tiempo y ya habíamos recorrido desde lindes escarpadas hasta autovías de seis carriles. Alargué mi brazo presta a sentirte y el contacto de tu superficie hizo que mis fluidos más internos revolotearan por mi interior.
Cerré los ojos y aquella, ahora, presentida cercanía estilizó al máximo cada vello de mi piel. Ya te tenía a mi lado…insoportablemente próximo, hasta que llegó ese momento deseado en que tu puntita alborotó mi pezón, hinchándomelo y transformando su textura en la dureza del pedernal. Aquel mutuo frotamiento se me hizo irresistible. Algo similar debió ocurrirte a ti, porque empecé a sentir como tu puntita ardía y, finalmente, te derramabas a chorros sobre mi pecho y las sábanas.
El resto de la tarde la pasé frotando…las sábanas para quitarle las manchas de tinta azul. Sólo a mí se me ocurre jugar con un bolígrafo azul estropeado.
22/05/2008
Trazando

Mi mirada, súbitamente, se sintió atraída por tu cuerpo desnudo y su mera contemplación excitó el fluido de mi interior. Me gustó esa imagen de desnudez total, desprovista de telas, a la vez plácida y con ese punto de salvajismo que le imprime esos pelos entrópicamente revueltos. Sentí deseos de acercarme a esa imagen, todo lo que pudiera para captar lo que de lúcida y sensual tiene y despertar mis instintos para gozar intensamente de ti.
Aterricé sobre el papel queriendo homenajearlo con el reflejo de tu piel trazada línea a línea, hasta ir desvelando tu imagen oculta en las entretelas del papel en blanco. Me deslicé con movimientos similares a las caricias, por toda la superficie celulósica, descubriendo y observando esos rincones ocultos que me brindabas con tanta dulzura. ¡Qué de líneas tuve realizar para oscurecer a tu informal cabellera! Mientras la horadaba podía hasta sentir el tacto intenso de tu nuca, más allá de aquella gustosa selva y disfrutar, a la vez, de la agitación al aire de tu melena de olas sin espuma.
Torneé los brazos, con sinuoso cuidado, rayando con levedad esa trasera de los codos e imaginaría la tersura de esa suavidad única con aroma al almizcle que tiene la piel de los antebrazos. Esculpí esos dedos con esas formas caprichosas en que los has colocado para sostener tu cuerpo. Circulé por esa autopista sin obstáculos que es tu espalda que refleja mimosamente la luz y acaba de manera majestuosa en esas nalgas, perfectamente formadas, con sabrosas ondulaciones en las que me detuve saboreando y desarrollándolas con afecto. Me detuve en las plantas desnudas de tus pies lamiendo esos pequeños surcos de arrugas forzadas por la postura. Colocaría, entonces, tu cuerpo con ternura sobre ese envidiado colchón, haciendo que tu peso lo ahonde. Finalmente me alejaría del dibujo y sonreiría al ver el resultado final de tanto trazo, con la secreta esperanza de volver a disfrutar con tu cuerpo y de que ya que lo he dibujado por detrás, algún día pueda dibujarlo, también por delante.
(Monólogo de un boli negro. Que si el boli fuera blanco...no se vería nada).
20/05/2008
Reflejada en el espejo
Para quien tenga curiosidad, aquí está mi segunda colaboración de texto y dibujo en la revista digital generacion.net, un post reflexivo sobre la subjetividad y volubilidad de la autoestima.
12/05/2008
Dos pies

(dibujo de Aires)
Hace ya varios años que llevo escribiendo este blog y no puedo dejar de sorprenderme cuando veo las estadísticas y me doy cuenta que hay un post que destaca en visitas sobre todos los demás. Es uno que escribí sobre los pies en aquel ya "lejano" enero del 2006. A estas alturas tiene ya casi 4.000 visitas y si mis post son poco comentados, sin embargo éste al día de hoy ya lleva cuarenta y tres comentarios.
¿Qué es lo que lleva a ese interés por los pies femeninos? ¿Tendrá algo que ver ese ocultamiento obligado y prensado al que le someten los zapatos habitualmente y tan diferente a las manos que llevamos siempre descubiertas?
11/05/2008
Unas gotas de lluvia sobre mi cabeza

Amanecía, cuando caminaba el otro día bajo la lluvia. Las gotas marcaban un compás de La mayor sobre la tela del paraguas y el viento frío me acariciaba con un des-abrigo invisible. Mi mente iba ocupada en esa cocina de sentimientos que tu recuerdo produce cual hábil cocinero, cuando al girar una esquina una ráfaga desatada tronchó limpiamente mi paraguas. Cayó en un charco y me quedé con el extremo en mis manos, que perdida su utilidad acabó chapoteando junto con otras basuras en una papelera. Me alegré que en la calle solitaria nadie hubiera sido testigo de aquel incidente.
¿Nadie? A través de un portal tu mirada picarona iluminó el chapoteo brillante de las gotas de lluvia que, ahora iban pegando la tela humedecida a mi piel. ¿Qué hacías por allí a aquellas horas? Y como si la cocina de sentimientos hubiera ya producido su primer plato, sin decir nada, te acercaste a mí y amoldaste tus labios a los míos. Mis labios distinguieron esa humedad cálida, sabrosa, de esa otra que iba impregnando todo mi cuerpo. Y como queriendo protegerte de esos chorros comunes que se deslizaban en correntías a través de nuestra piel, mis brazos se cerraron en torno a ti. El contacto de tu piel húmeda atravesó las telas que nos separaban...
Un portazo de la ventana terminó por despertarme. No paraba de llover. El suelo del dormitorio estaba mojado y tu lado del colchón estaba ocupado por una silueta húmeda que dibujaba tu ausencia sobre la sábana.
02/05/2008
Generacion.net

Se ha relanzado recientemente la revista digital Generacion.net, os invito a visitarla. Hace unas semanas se me pidió colaboración con un post para este relanzamiento y aquí aparece publicado.¡Bienvenidos!
21/04/2008
Mi cocodrilo

(dibujo de Aires)
Siempre pensé que los cocodrilos nacían al romperse un huevo, aunque éste desconozco cómo llegó a aparecer a mi lado. Era pequeño, vivaracho y en aquel tiempo en que era una cría, casi gracioso. Sus ojos lánguidos y sus movimientos ágiles me resultaban atractivos. Yo fui creciendo y a la vez que me hacía más nervuda, aquel saurio también fue desarrollándose: sus mandíbulas se robustecieron y sus dientes se afilaron, su piel se endureció con una fuerte coraza y sus movimientos ágiles desafiaban con ardor la ley de la gravedad. Aquel conocimiento mutuo se convirtió en intimidad creciente y como si de una sombra se tratara, nos convertimos en inseparables.
Tan habitual se me hizo su compañía que llegaba a pasarme inadvertida en mi devenir cotidiano, hasta que fui consciente de la excesiva protección que creaba en mi entorno. Algunos hubo que intentaron aproximarse, con desconocidas intenciones, nunca llegué a saber cuáles eran porque en cuanto él se apercibía de aquel acercamiento, me defendía a dentelladas o sacudiendo ágiles coletazos. Aquella protección habitual y repetitiva, de tantos años, de aquel inopinado guardaespaldas me hacía andar segura por la vida y sin temor a interferencias ajenas que pudieran socavar mi tranquilidad.
Hasta que...¡apareciste tú! Te fuiste arrimando a mí, lo que, inicialmente, me pasó dulcemente inadvertido. Y cuando fui consciente de ello, no imagino cómo, te habías situado entre mi cocodrilo y yo. Tuviste esa rara habilidad de distraerlo, de domesticarlo y eso nos sedujo, a él y...a mí. Y hoy cuando caminas a mi lado con tu brazo rodeando a mi cintura, aún suelo escuchar detrás nuestro los andares acompasados de sus patas de cinco dedos delanteros y cuatro traseros y el rasgueo de su cola por el suelo, y alguna vez que lo he mirado de reojo y me he fijado en sus, en otro tiempo, temibles fauces, he visto cómo, aparte de guiñarte el ojo, te sonreía.

