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AIRES ABIERTOS

La frontera

La frontera

Al final, tras mucho pensarlo, decidí atravesar la frontera que nos separaba. Crucé tu valla, para descubrir lo misterioso que ocultabas, pero al otro lado de ella , no encontré ¡NADA!.

Mi regalo

Mi regalo

Hoy quiero enviarte este pequeño regalo de Reyes. Es un sobre no muy grande y cuando lo abras tendrás que mirar bien en su interior para ver lo que contiene. Es un abecedario, para que juegues y al que tras cada letra he atado una ristra de palabra como si fueran cascabeles:

-Abrazos acogedores y necesitados.

-Besos suaves que se encuentran con los tuyos.

-Caricias de seda que lamen toda tu superficie.

-Dedos juguetones que te excitan por doquier.

-Esperanzas continuas de volverte a ver.

-Fuego de un corazón que no se enfría.

-Ganas continuas de sentirte junto a mí.

-Hambre de ti.

-Imaginación mágica en la que siempre estás presente.

-Juegos eróticos de esos en que los dos siempre ganamos.

-Kilos de menos de tanto ejercicio compartido.

-Labios húmedos dispuestos siempre a saciar tu sed.

-Miradas de serpiente de las que se enroscan a tu alrededor

-Noches compartidas en intimidad y cercanía.

-Ñamñam ¡qué gozada “comernos” juntos!

-Olvido de todos los malos ratos.

-Paseando juntos bajo la sombra de los álamos.

-Querer es una palabra que compartimos.

-Rizos juguetones de vello negro.

-Silencios vivos de los que dicen mucho más que las palabras.

-Temblores compartidos

-Umbrosa mi vida cuando te escondiste.

-Vida nueva desde que te conocí.

-XXX : una noche contigo.

-Y qué más te puedo decir?

-Zambomba que te presto para que no dejes de tocar con tu mano.

El juguete

Era un día como otro cualquiera pero en que no sé por qué algunos sueños lúbricos me habían hecho levantarme especialmente excitado, fogosidad que noté especialmente en el mayor peso y tamaño de mis genitales. Tras el desayuno, el reconfortado del café me despertó del todo pero no mermó mi ánimo libidinoso.

 

Recordé que en un armario de casa había un vibrador y lo tomé entre mis manos…¿y si jugaba con él? No se me había ocurrido nunca, pero aquel pensamiento me dio morbo. Le di la vuelta, giré la rueda trasera y una veloz vibración lo agitó entre mis dedos. No lo pensé mucho y me quedé desnudo. Mi pensamiento actuaba sobre mi pene que levemente empezaba a endurecerse mientras unas gotas brillantes me saludaban desde su punta.

 

Me apetecía ver mi pene hermoso, libre de pelos mientras se iba endureciendo. Cogí la brocha de afeitar y  jabón y pasé con cuidado la cuchilla, mientras disfrutaba viendo como caían al suelo los mechones negros y rizados de vello púbico, hasta que el pubis me quedo liso como la piel de un bebé. Me gustaba sentirlo de esa forma tan insólita mientras lo recorría con las yemas de mis dedos.  El pubis respondía a mis caricias con una piel de gallina y sensaciones nuevas. Jugueteé con los testículos que se removían oscilantes al compás de mis dedos.

 

De una caja de preservativos saqué uno y lo puse al vibrador que pareció sonreírse a través del látex. Cogí un poco de líquido en mi dedo índice y impregné con suavidad, como si me acariciaran a mí, con el extremo del vibrador. Lo puse en marcha, a poca velocidad, más un rumor que un movimiento y desnudo frente al espejo me coloqué en cuclillas. Puse el vibrador en vertical y poquito a poco fui acercándoles mis nalgas.  Al sentir su roce una cierta cosquilla me invadió y, luego, poco a poco aquel extremo húmedo fue acariciando mi orificio. Despacio, con suavidad, aquel aparato fue cumpliendo su función, al principio con cierto trabajo, pero luego con más facilidad, mientras sentía como me iba abriendo, gozaba sintiendo aquellos temblores en mi interior. Nunca había sentido algo así, era una sensación única. Quería más, necesitaba más y con mis dedos aumenté la velocidad de la vibración. Me parecía increíble poder disfrutar de aquella manera, mi mano agarró mi pene que era una vara oscilante en ese momento.  Aún tenía restos del gel lubricante y ello hizo que se deslizara a través de la mano, en un movimiento de vaivén, arriba y abajo, con movimientos suavemente acelerados. Hubo un instante que las dos sensaciones, la de mi orificio vibrante atravesado hasta dentro y la del pene que estaba presto a salir, se unieron en un único punto situado bajo mis testículos y mi cuerpo se sacudió con fuerza, mientras mi respiración acompasaba las sucesivas expulsiones de chorreones blancos sobre el espejo. Me costó unos minutos recuperar mi ritmo normal de respiración y con delicadeza me fui sacando el vibrador. Sentía el orificio placenteramente dilatado. Todavía me temblaba el cuerpo un poco, mientras contemplaba en mis manos aquel juguete con aquella capacidad tan asombrosa.

Mientras mi mano..., tu mano...

Mientras mi mano..., tu mano...

Nuestras manos despertaron a la vez.

Mientras mi manos se acercaba a ti,

la tuya permanecía impasible.

Mientras mi mano acarició tu cuello,

la tuya no se movió.

Mientras mi mano moldeó la forma de tus pechos,

la tuya quedó quieta.

Mientras mi mano descendió lenta por tu barriga,

la tuya estaba estática.

Mientras mi mano horadó tu ombligo,

la tuya permaneció inmóvil.

Mientras mi mano gustó tu pubis,

la tuya siguió en su sitio.

Mientras mi mano besó tus labios bajos,

la tuya estuvo totalmente pasiva.

Mientras mi mano seguía...

¡al fin la tuya se agitó!

Dio un manotazo en el aire

mientras decías: ¡creo que voy a levantarme ya!

Y mi mano, entonces, continuó buscando por la cama

y solitaria, sólo se encontró a la otra mano.

Las dos se cruzaron y comprendieron

y el sudor desesperado

se transformó en lágrimas de soledad.

Mi primera cámara

Mi primera cámara

Hoy las cámaras de fotos abundan casi tanto como los móviles, pero hubo un tiempo en que no fue así. Hoy quiero relatar como conseguí mi primera cámara de fotos.

Fue en el viaje del Paso del Ecuador con mis compañeros de Facultad fuimos a Ibiza, un viaje eminentemente “cultural”, en que desayunábamos a la hora de almorzar y nos acostábamos al amanecer. Aquel día me había despertado relativamente temprano y me bajé a tomar un café frente al paseo marítimo. La terraza estaba vacía exceptuando una mujer de pelo muy corto y rasgos nórdicos, que se sentó junto a mi y pidió una coca cola. Llevaba unas gafas absolutamente negras que impedían ver los ojos. Yo sin nada mejor que hacer la miraba de vez en cuando y fue cuando levantó las gafas y sus ojos azules me sonrieron, a la vez que, descaradamente, abría sus piernas, cubiertas por una escueta falda, y dejó al descubierto una espesa mata de pelo oscuro. Me hizo una señal de que si me quería sentar a su lado y como si tuviera un resorte me vi sentado a su lado.

Su piel era clara y cubierta de pecas que le bajaban por el cuello hasta adornar la entrada a sus pechos, francamente hermosos, que aparecían levemente cubiertos por una ajustada camiseta. Me llamaron la atención sus dedos, largos y finos, con unas uñas rojas escrupulosamente cuidadas. Me senté nervioso a su lado y sus uñas me rozaron levemente mi antebrazo, mientras su sonrisa se ampliaba. Me bajó mi mano a su pierna, y mientras ella tomaba su coca cola, como quien no quiere la cosa, mis dedos palpaban unas macizas piernas y se acercaban, como pidiendo permiso, al lugar donde se unen estas. Pude sentir sus pelos chorreantes y cuando mi dedo tocó levemente su entrada, vi como se tomaba el último sorbo de la coca cola. Se levantó de golpe y llamó al camarero para pagar las consumiciones. Me dio la mano y cuando me di cuenta estaba en la habitación de su hotel.

Sin darme tiempo a mucho me quitó los pantalones, ya para entonces tenía mi miembro totalmente duro y poniéndose en cuclillas lo cogió entre sus labios chupando y succionando de una forma que me multiplicó las sensaciones.  Se dio cuenta que me había llevado al límite y me dejó descansar mientras se desnudó delante mía. Tenía un cuerpo bien formado con algo de barriga pero hermosamente adornado con sus pechos de grandes pezones oscuros, por arriba, y una mata negra y abundante por abajo. Era la primera vez que veía desnuda a una mujer y, mi morbo se acrecentaba, al brindarse de la forma que lo estaba haciendo ella conmigo. Se sentó en el sillón y abriéndose de piernas sus dedos largos empezaron a acariciar su coñito de arriba abajo, desaparecían entre sus pelos, no sin dejarme algunas visiones instantáneas de un clítoris brillante y enrojecido. Su excitación fue creciendo a la par que la mía, entonces dejó de acariciarse, se tumbó en la cama y me hizo seña para que la penetrara. Encajamos con una perfección asombrosa, pero aún me asombró más la habilidad de sus músculos que dominaba de maravillas en todo sus movimientos. Sus gritos ininteligibles dieron lugar a un orgasmo que nos sacudió al unísono. Ella pareció detenerse pero, de pronto, recuperó fuerzas y sus contracciones internas sacaron lo mejor de mí. Quedé tumbado con su pezón oscuro rozando mis labios, mientras disfrutaba de olor a sudor y sexo que nos envolvía.

A los pocos minutos se levantó instantáneamente, como todos los movimientos que hacía y sacó una cámara de fotos de un armario. Era una Nikon reflex. Me la tendió y  me indicó que le fotografiara. Se colocó desnuda con ese brillo sudoroso que le resaltaba ahora sus formas y posó desnuda, en distintas posturas, mientras la fotografiaba. Al terminar la sesión nos duchamos y nos perdimos en la espuma. Me vestí para irme y, entonces, fue cuando sacó el carrete de la cámara y me la tendió a la par que sus labios encontrándose con los míos, llegaron  a hacer que mi pene se olvidara que no hacía mucho se había vaciado. Nos despedimos en la puerta, nunca más la vi, pero cada vez que saco la cámara…me la recuerda.

Como un avestruz

Como un avestruz

Mis venidas tan esporádicas por el blog me hacen pensar que éste es como un hueco en la tierra, donde yo, a modo de avestruz, de vez en cuando introduzco la cabeza. Abro los ojos dentro del hueco y veo letras, palabras e ideas que al releerlas al cabo del tiempo dudo que las escribiera alguna vez. Pero sí, son mías esa faceta que no es la que está al aire libre pero que, sin duda, está en mí.

Hoy me he visto desnudo en el espejo y me he sorprendido a ver como ha ido evolucionando mi barriga y mi pecho. Nunca la he tenido tan plana como ahora ni el pecho tan torneado. Me he hecho un guiño al pensar mi próximo encuentro contigo e imaginar tus dedos acariciándome de arriba a a abajo. Me he descubierto pensando y he visto como mis tetillas pequeñas y vivarachas se han transformado en respingonas. ¿Quién me iba a decir hace unos años que mi pecho lampiño se iba a convertir en uno de mis centros erógenos y en un manantial de sensaciones?

Quiero que bailes en él un vals con tus dedos que dure horas y que me haga sentir una vez más que yo sigo vivo.

Tocar la guitarra

Tocar la guitarra

Me gusta sentir que eres una guitarra. Que te apoyes sobre mis piernas y dejas que mis dedos escarben tu piel para tañer tus cuerdas y arrancarles sonidos de mariposas. Tocar contigo una melodía al unísono en clave de Tú y que tus acordes vibrantes se llenen de mis negras y corcheas. Que tus manos dirijan el concierto, que las mías la ejecuten. Que tus labios reflejen tus goces con sones y que nuestras miradas se abracen en un aire iluminado de rojo.

La ducha

La ducha

Un día más antes de acostarme me voy a dar una ducha. Me he acostumbrado a ella. Poco a poco, intentando disfrutar el momento que se avecina, dejo la ropa cuidadosamente doblada sobre la silla. Me siento a gusto desnudo y abro el grifo. Dejo que caiga el chorro de tus palabras sobre mi cuerpo. Me vaya envolviendo y voy gustándolas.

Me renuevan tras el cansancio del día,

me refrescan tras el abotorgamiento a que son sometidos mis sentidos,

me despiertan sensaciones dormidas,

me hace paladear su choque contra mi cuerpo.

 

Y  poco a poco, me siento feliz, otro, a gusto y temeroso de que llegue el momento en que ese grifo que supone tus ideas se corte de un momento a otro. Cuando eso ocurre, cojo la toalla y me seco. Cojo el bote de crema de tu recuerdo y lo voy impregnando por todo mi cuerpo, disfrutando especialmente en algunos de sus rincones que tan bien conoces. Cuando me meto en la cama y cierro los ojos... no puedo dejar de pensar en mi próxima ducha.

Nuestra noche

Nuestra noche es un recuerdo construido de telas de sedas enlazadas por agujas de plata e hilos de marfil. Nuestra noche es un silencio jugoso de una puerta entornada tras la que se vislumbran dos sombras en efervescencia. Nuestra noche es un rumor de pasos que se acercan y aceleran dos corazones permanentente costreñidos. Nuestra noche es una historia soñada a la vez que una fantasía vivida. Nuestra noche es nada y mucho, algo y bastante. Nuestra noche es un inmenso castillo construido piedra a piedra por cuatro manos durante muchas otras noches. Nuestra noche son gritos en silencio, caricias esféricas, besos en el aire...

Pero lo mejor de nuestra noche fue tu idea de venirnos al Polo Norte a pasarla. ¡Poca gente podrá disfrutar de una noche como esta que dure seis meses!

Volviste

Por fin volviste. Ha sido una larga ausencia de tan solo veinticuatro horas, pero en la que he llevado muy mal el estar aislado de ti y no poderme comunicar. Hoy sabiendo que estás ahí he vuelto a llenarme de alegría. Estoy contando los minutos para reencontrarme contigo, para que tu nombre se ilumine en mi pantalla y para saber de ti. Quiero captar de nuevo la sonrisa y la caricia en tus palabras, quiero que me tiemblen los dedos cuando te vea aparecer y que sepas que aunque no me veas espero que notes que te estoy abrazando.

AUSENTE

¡Qué día más largo se me ha hecho! Mi cabeza, a pesar de que intentado no pensar y estar ocupado, no me ha hecho caso y ha girado en una noria loca imposible de frenar. Y aquí me tienes ahora, sintiéndome sólo que es lo mismo que sintiéndome raro al no encontrarte. Creo que me estoy acostumbrando demasiado a ti, eso no te lo diría cara a cara, pero aquí no me enrojece decirlo. Quiero pensar en otra cosa...me dedicaré a construir pajaritas de papel con tu ausencia. Abriré las ventanas esperando que vuelen hasta ti y se posen sobre tus hombros, mientras te acarician con sus alas.

¿SILENCIO?

     ¿A qué viene tanto silencio? Tú me lo preguntas. Ni yo mismo lo sé. No es que no tenga nada que decir. No es que mi corazón esté dormido. Al revés, tengo el corazón loco y no he tenido más remedio que ponerle unas bridas para conducirlo y sujetarlo. De ahí esa limitación en mis palabras. Sé que no estás de acuerdo en eso y me lo criticas, pero no se me ocurre otra forma de no sucumbir a la locura.

     Espero que el tiempo vaya colocando las cosas en su sitio y pueda ir soltando las bridas de modo que pueda seguir escribiendo y tú leyéndome, porque en el fondo, y sobre todo en la superficie, bien sabes que este blog está dedicado a ti.

Gracias...

Gracias por vestir con tu presencia lo mucho que sabía ya de ti.

Gracias por el brillo de tus ojos.

Gracias por agitar las alas de tus manos.

Gracias por ayudarme a distinguir a la amapola del cardo.

Gracias por comprender mis contradicciones.

Gracias por colorearme las despedidas.

Gracias por quitarte, de vez en cuando, las gafas de sol.

Gracias por los recuerdos que me has regalado con nuestros instantes.

Gracias por esos aullidos silenciosos que hiciste brotar de mi interior.

Gracias por aquellos gramos de suavidad que mis dedos sintieron.

Gracias por el rumor de aleteo de mariposas que me brindaste con tus silencios.

Gracias por decirme sólo “hasta luego”.

Gracias porque me entendías hasta cuando yo callaba.

Gracias porque lo último que vi de ti fue una sonrisa.

Gracias porque tus locuras modularon a las mías.

Gracias porque tus dedos adornaron las palabras de tu boca.

Gracias porque con tu presencia sacaste brillo a las hojas de los árboles.

Gracias porque cuando intente hablar despacio me acordaré de ti.

Gracias porque cuatro horas en tu compañía han compensado trescientos días de ausencia.

Gracias porque no me has dejado decirte gracias.

Gracias por:

-malear horarios

-acompasar tus pasos

-prestarme tu tiempo

Sí ya lo sé, podría decirte muchas cosas pero he quedado mudo y en este momento sólo se me ocurre decirte: ¡¡GRACIAS!!Smile

A una princesa

Princesa, perla escondida
a ti quisiera
ruborizarte en colores
a golpes de tecla.

Mirándome en tus ojos ocultos
invadidos por el brillo
añoro nuestros encuentros furtivos
mientras estoy lejos de ti.

Iluminas mis noches,
gozosas de encontrarte,
anhelantes de tu presencia.

Prepara tu sonrisa,
ave del paraíso,
lumbre cálida en el atardecer
ósculo vivo al amanecer
mientras esperas
abrazarme con tu cuerpo.

Lienzo

Algunas veces veo mi vida como un gran lienzo blanco.

Temiendo... el cuchillo que lo rasgue y la mano que lo rompa.

Esperando... la pincelada de color que le dé vida.

Cómplices

Hoy leyendo un texto, me acordé de ti, que de vez en cuando entras por aquí y he decidido postearlo para dedicártelo:

"No quiero ofrecerte cosas que no deseas. Me atrevo a proponerte, eso sí, mi complicidad. No se trata solamente, como dijimos, de estar recíprocamente disponibles (24 horas al día, matizaste tú, en uno de tus arrebatos; porque tú también te arrebataste varias veces). Se trata de aceptarse plenamente, de ser, repito, cómplices. En todos los y en todas las delicias. Me gustaría verte con alguna frecuencia, además (y, que conste, digo alguna por concesión al realismo: me gustaría verte con toda frecuencia). Ya lo haremos, si quieres. Lo primero que tengo que saber es si estamos jugando nuestra relación con las mismas reglas (o suficientemente parecidas). No quiero malentendidos, ni trampas, ni frivolidades. Si tú piensas que fue una aventura a olvidar en , tampoco voy a quedar decepcionado. Como aventura habría sido de muchísima calidad, y estaría orgulloso de haberla vivido, de haber sido capaz de vivirla a mis venerables años. De veras. Y, aquí tendrías un amigo, siempre, toujours, for ever.

Por otra parte si aceptas mi complicidad estaré todavía más contento. Será indispensable, sobre todo, mantener la intensidad del contacto. No pretendo ninguna otra planificación. Quiero -por supuesto que quiero- hablar contigo, escribirte, verte. Pero sin capricho. Quiero el contacto contigo porque sé que podemos disfrutarnos, de un modo elevadísimo. Y me niego a aceptar, en principio, las tontas limitaciones de la realidad. Ya se encarga ella (la realidad) de imponer sus decretos, cuando le apetece".

Comicposteando

Comicposteando

Hoy quiero postear y expresarme con un dibujo mío en vez de con palabras.

Como un puzzle

Algunas veces cuando examino mi vida, me la imagino como un gran puzzle. Todas las piezas encajadas y colocadas en su sitio. Aparentemente en orden, pero con una tensión implícita que, como una se mueva, todas las demás piezas saltarán por los aires... ¿abiertos?

Si me dejaras ser tu amante...

...me harías feliz. No me importa el que me compartas con otros. Me bastaría con saber que alguna vez ocupo parte de tu corazón repartido y que en algún momento tus dedos se pasarán y pasearán por la superficie de mi cuerpo anhelante de ti.

Ideas que me envuelven

Querida Celia, en primer lugar tengo, quizás, que disculparme por mi larga ausencia. Sé que me has echado de menos y aunque has estado prudente no dudo que estabas deseando leerme, saber de mí. ¿Sabes por qué no he entrado en tantos días? Yo tampoco. En mi interior se entremezclaban dos situaciones paradójicas, por un lado un deseo grande de abrirme, de comunicarme, de soltar todo lo que llevo dentro; y por otro lado un algo que retenía esas palabras como si expresarlas fuera reencontrarme con una realidad de la que quiero huir.

Ahora que la vida y tus circunstancias nos han separado cientos de kilómetros, anhelo esa comunicación cercana que teníamos, esos cafés que se enfriaban mientras nuestras palabras y ojos no cesaban de hablar y esos paseos donde el caminar a mi lado me hacía sentirme arropado. Pero te fuiste y yo me siento desnudo. Desnudo de afecto y de ese apoyo continuo que siempre sabías darme. Cuando hemos hablado por teléfono me preguntas por mi vida cotidiana, yo siempre te digo: ¡bien!, pero no porque pretenda mentirte sino porque así es como la vivo, bien. Pero cuando buceo un poco en mi interior, ante tu insistencia, confieso que las cosas no marchan tan bien. Que la mujer que tengo a mi lado no colma todos mis anhelos, ni esas ansias de caricias que rezuma a través de todos mis poros. Me siento limitado, costreñido, estrecho y me sacudo con esa ansia que desarrolla la cola del cocodrilo cuando es atrapado. Pero así me siento atrapado y sólo algo me distingue del cocodrilo, puedo pensar, y volar hacia lugares más lejanos. Incluso puedo recorrer cientos de kilómetros para llegar hasta ti y buscar ese hueco a tu lado. Y entonces cierro los ojos y siento tus dedos haciendo adornos con mi piel, mientras tu lengua ahora silenciosa va escribiendo un poema exquisito y tierno sobre mi pecho y tus manos traviesas y certeras me arrancan placeres, ya casi olvidados, de los más profundos e intensos.

No permanezcas lejos de mi, Celia, necesito saber de tu presencia para salir de esta individualidad mía que me cercena por dentro.