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Sólo un instante...
cuando nos despedíamos, me perdí en la hoquedad de tu cuello, pero lo suficiente para revivir una montaña de sensaciones dormidas, mucho más gratificantes que otras, largas y penosas, horas haciendo el amor.Ausencia

Desperté en mitad de la noche al escuchar los pasos de tu ausencia. Mi cuerpo desnudo estaba ahogado en sudor por el calor de agosto. Por la ventana abierta escapaban tus besos escarchados en carrozas de negros corceles. Caricias teñidas de rojo pintaban frases en las paredes de mi dormitorio. Estremecimientos y temblores copaban el aire, la tersura de tu piel alfombraba mi pasillo. Entonces fue cuando tu ausencia envalentonada creció tanto que empujándome hacia un lado de la cama, me obligó a coger la sábana y taparme con ella.
Búsqueda infructuosa

Me levanté esta mañana con una idea fija en mi cabeza. Sin desayunar siquiera me puse a revolver cajones. Examiné cada rincón de mi casa, incluso hojeé los libros entre sus páginas. Tras muchas horas de infructuosa búsqueda salí a la calle con ánimo expectante prolongando a las calles mis anhelos. También a su través recorrí muchos kilómetros buscando largo tiempo, pero regresé a casa agotado y exhausto y con el convencimiento de que nunca más volvería a encontrar aquellos años pasados que buscaba y, cuya posibilidad de disfrutarlos, había perdido para siempre.
¡Adiós!

¿Tiene algún sentido decir adiós a una persona querida? Evidentemente no y por eso nunca me han gustado las despedidas, siempre he preferido, simplemente, darme la vuelta, sin alharacas, tras decir adiós.

