Se muestran los artículos pertenecientes a Mayo de 2006.

A un alguien especial

    Podría escribirte por un correo electrónico, como tú lo has hecho, o por un sms, pero prefiero hacerlo por este blog, en el que de alguna forma tienes mucho que ver. Te noto en tu correo algo confusa, con un cierto temor de que nuestra amistad se difumine poco a poco por el aire. Es verdad que últimamente las circunstancias no son las mejores, que el día a día está regado de escollos y que la distancia parece, en estas circunstancias, crecer y hacerse la dueña y señora de lo que nos une.

    Sé que puedes estar tranquila. Es ya mucho tiempo el que nos conocemos y en el que hemos compartido algo más que palabras: sensaciones, sentimientos, ilusiones, intimidades, alegría y lágrimas y hemos caminado junto más allá de lo que nos pudimos imaginar el día que en el aire se cruzaron nuestras sonrisas. Y es que sólo una vez cada muchísimos años suele ocurrir que se conjugaran en ese momento único en que nos cubrió la sombra mágica de un eclipse. Cuando dudes, vuelve a ese recuerdo primigenio que bajo la sombra de los árboles rejuveneció nuestra alegría. Y ten en cuenta que hay amistades de las que no se puede dudar. Hemos compartido mucho, y nos hemos brindado nuestra desnudez más íntima, desprovistos de esos prejuicios, tapaderas y caretas que nos ponemos frente al otro. Debemos saber muy bien lo que sentimos por encima de esas nubes interiores que se empeñan en oscurecernos.

    Te contaré lo que yo siento, por si te sirve de algo, me siento mucho más cerca de ti que el primer día, te conozco mucho más. Y me siento muy feliz de que estés ahí sabiendo que sea de día o de noche, siempre tienes encendida la luz de tu puerta para cuando necesite de ella. Gracias por ser mi amiga.

Domingo, 07 de Mayo de 2006 12:50 Autor: airesabiertos. #. Tema: Cosas circulando por dentro Hay 5 comentarios.

Estallido de cristales

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    Miguel y Beatriz se conocieron un día, por casualidad, sus miradas cruzadas en una cola de autobús les ataron en su camino por la vida. Aquel día se saludaron con simple educación. Saludo que a los pocos días les alegró la cara por su mutuo reconocimiento. Empezaron a hablar primero del tiempo y luego de los toros a los que ninguno de los dos había ido nunca. Acabaron ese día hablando de lo malo que era el tabaco, y ella se fue sin atreverse a confesarle que fumaba aunque el vapor nicotínico que la envolvía la delató ante Miguel que calló, también, comprensivo. Sus encuentros se repitieron dominados por un azar incontrolado, que les hacía todos los días guardar el asiento de al lado del autobús por si ese día se subía su compañero de viaje. Y los días que esto ocurría sus ojos se iluminaban y sus lenguas se desataban queriendo lanzar el máximo número de palabras en aquel trayecto que se les  hacía brevísimo. Lenguas que dejaron de lamer el exterior para introducirse en el interior y a modo de sacacorchos ir desvelando lo que encerraban bajo esas capas que constituían sus personas. Beatriz, siempre prudente, medía sus palabras con una regla dorada, lo que hacía que sus ojos, en ocasiones, comunicaran más que sus palabras. Miguel, siempre curioso, preguntaba y quería dar pasos de avance tan grande que, a veces, cuando se daba cuenta la había dejado por atrás.

     Pero la vida seguía y aquel autobús que no iba a ninguna parte transportaba aquella pareja de corazones como un relicario ambulante. Tanto Beatriz como Miguel, no sabían cómo pero se percataban de que aquellos lazos iniciales se transformaban en nudos. Hasta aquel día...

   Miguel volvía desusadamente tarde, cansado y con jirones sin formas atravesándole por entero, cogió ese autobús que hoy, a esas horas vampiresas, imaginaba casi vacío, pero quedó gratamente sorprendido al verla sentada en su asiento. Como si fuera un "decíamos ayer", había transcurrido más de un mes de su último encuentro, ellos empezaron a hablar, desde el principio, con esas palabras que dan un cariño prolongado y a medida que el trayecto siguió aquellos jirones se recompusieron en forma de piel brillante. Llegó el inevitable momento en que llegaron a su destino, Beatriz y Miguel bajaron al unísono cogidos de los ojos y, una vez más, ardiendo por dentro, cosa que ninguno demostraba, se disponían a despedirse. Pero esta vez hubo algo distinto. Beatriz le dijo que quería decirle algo antes de que se fueran. Y de sus palabras salieron sentimientos en forma de palomas que Miguel, alguna vez había supuesto en una burbuja de cristal, pero aquella noche a la luz tenue de una farola aquella burbuja estalló en mil pedazos, las palomas volaron al cielo oscuro compitiendo su blancura con la de las estrellas y muchos de aquellos cristales se incrustaron en la piel de Miguel pero no era dolor, precisamente, lo que le produjeron. La sorpresa hizo que la lengua de Miguel se paralizara, pero Beatriz supo leer el lenguaje de sus ojos y acercándose se despidió con un beso tierno en los labios. Beatriz se dio la vuelta y se alejó despacio mientras Miguel paralizado aún bajo la farola supo que desde ahora todo sería distinto.

Sábado, 13 de Mayo de 2006 17:47 Autor: airesabiertos. #. Tema: Cosas circulando por fuera Hay 8 comentarios.

Unas turgentes piernas

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Las vi delante de mí al subir la escalerilla en mi último viaje a Nueva York. Era unas turgentes piernas, perfectamente torneadas con un brillo que les arrancaba el sol del atardecer y de una longitud imposible destacada por la escasez de una falda que se ondulaba avariciosamente en torno a unas  sobresalientes nalgas. Aquella ascensión peldaño a peldaño duró lo suficiente para que mis ojos quedaran atrapados por aquella atractiva figura que me precedía por el pasillo. No me gustó que cuando al darmela tarjeta de embarque me asignaran el último asiento del avión, pero al comprobar que ella iba a ser mi compañera de viaje, dejó de importarme. Cuando nos sentamos pude comprobar que por delante su imagen no deslucía su anterior perspectiva. Un cabello negro, largo y rizado, hacían de cortinillas de un óvalo perfecto en que dos ojos almendrados rodeados de largas pestañas flotaban sobre una nariz respingona y unos labios grandes y sinuosos de los que desprenden humedad. Una blusa de cremallera abierta a media altura dejaba atisbar unos hermosos pechos que oscilaban descompasadamente con la vibración de los motores del avión.

 

 Me senté un tanto cohibido por aquella despampanante compañera de viaje. Y, tras abrocharme el cinturón de seguridad, me sumergí en la lectura del periódico. Una lectura que supongo breve, pues cuando desperté, al cabo de casi tres horas, no había abandonado la portada. Cuando entreabrí los ojos me sorprendí con alguno de aquellos rizos sobre mi cara y es que me había quedado dormido apoyado sobre su hombro. Un tanto abochornado levanté la cabeza pero ella con una sonrisa me invitó a seguir allí.  No me pasó inadvertido que la cremallera del pecho había descendido unos milímetros los suficientes para que el color uniforme de aquella piel canela se viera interrumpido por el tono marrón oscuro de su aureola coronada por unos pezones grandes, casi negros, que sobresalían como buscando algo. Envalentonado por aquellas señales le miré las piernas con descaro, al sentarse la falda era casi invisible, tomando mi mano me la colocó sobre su muslo. Y fue cuando al tocar mis dedos esa piel suave y, a la vez, musculosa, noté como mi excitación se transformaba en una fuerte erección. Las chispas que brotaron de sus ojos al mirarme me confirmaron que no le había pasado inadvertida y, de alguna manera, me alegré que en aquel momento apagaran las luces del avión. Miré a mi alrededor, todos dormían, salvo la mano de mi compañera de asiento. La sentí como asían mis genitales y en la penumbra pude adivinar esas uñas perfectamente cuidadas, que me arañaban arriba y abajo arrancándome estremecimientos de placer. Me apeteció dejarme llevar por los beneficios de aquel encuentro inesperado y borré cualquier atisbo de resistencia que pudiera haber. Especialmente cuando noté que me abría la cremallera y sacaba mi pene al aire, duro y firme como una piedra, que se sintió como liberado fuera de la opresión del pantalón. Liberación que duró poco porque al punto los rizos negros de su nuca cubrieron toda mi entrepierna, mientras notaba como mi pene era absorbido por aquellos labios, maestros en arrancar placer. No tardé mucho en darme cuenta que iba a eyacular pero a ella, aunque también lo notó, no pareció importarle porque siguió con fruición en aquella ardua labor hasta que me derramé entera en su boca. Tras aquella descarga placentera que había sufrido ella izó su cuello como el de una garza y con un leve sonido de garganta me indicó que aquellos jugos que había exprimido con tanta habilidad habían ido a parar a su estómago. Acercó sus labios a los míos y algunas gotas salpicaron mis labios mientras su lengua intentaba abrazarse con la mía. Tras aquel largo beso me eché hacia atrás en el asiento expectante a lo que se le pudiera ocurrir a aquella Herodías del aire. Y entonces vino lo peor…

 

            Sus largos dedos fueron encogiendo con lentitud pasmosa su faldita. Mi imaginación corría más que sus dedos, esperando la visión de una rajilla húmeda y abierta, cuando de pronto, no sé dónde lo tendría escondido un gigantesco pene, insultantemente duro y mucho más grande que el mío apareció ante mis ojos.  Y entonces fue cuando oí su voz por primera vez con un varonil: ¿Gustas?

 

            No recuerdo mucho más, sólo que me entraron unos enormes mareos que hicieron que en décimas de segundos me encerrara en los servicios del avión, no paré de vomitar y me parece que estuve a punto de deshidratarme. Sólo salí el tiempo necesario para atarme el cinturón al aterrizar pero me debió ver tan mala cara, yo miraba hacia otro lado, que no me dijo nada. Antes de irse se volvió y me guiñó un ojo, lo que me produjo un nuevo retortijón en el estómago. Salió delante mía, ahora el cuerpo oscilaba como el de un hombre ¿o era cosa mía? Algo aprendí en aquel viaje: el que unas piernas sean muy hermosas no es un reflejo de lo que se oculta entre ellas.

Domingo, 21 de Mayo de 2006 18:42 Autor: airesabiertos. #. Tema: Cosas circulando por fuera No hay comentarios. Comentar.

Haciendo tiempo

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Mientras buscaba el amor

me dediqué a tener sexo

como terapia para olvidar los anteriores,

ahora que lo encontré

no tengo sexo

y el recuerdo de todos mis amores,

¡me asfixia!

Lunes, 22 de Mayo de 2006 17:12 Autor: airesabiertos. #. Tema: Cosas circulando por dentro Hay 15 comentarios.
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