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De lo dulce a lo salado

Tras una hora en que mis dedos, artesanalmente moldearon, sin dejar un resquicio exento de configurar, de esos dos hermosos y simétricos cántaros que adornan tu cuerpo, ellos respondieron con la dureza de la posición enhiesta de sus pequeños y oscuros torreones- del homenaje- decías, salpicándome con ramalazos de tu sonrisa.
Mi lengua serpenteó hasta encontrarse, primero con uno y, tras recorrerlo lentamente, con el otro. Mi excitación creciente hizo que con ese contacto se hincharan mis papilas por el dulzor que transmitían.
-Están riquísimos- te dije con ojos pícaros- a pesar de que siempre me gusta más lo salado que lo dulce.
Tu cuerpo se sacudió por un casi imperceptible temblor y tus ojos se iluminaron por el brillo de una lágrima que rebosando tus párpados, se deslizó muy lentamente dejando su huella por tu rostro y por tu afilado cuello. Siguió redondeando tu orondez hasta que aquel peciolo se sumergió en su transparencia, entonces, mis labios como una corola se cerraron a su alrededor saboreándolo hasta la más íntima de sus profundidades.
-Y ahora ¿cómo está? -dijiste con voz inequívocamente placentera.
-Exquisitamente salado-respondí. Estas dos palabras fueron el detonante para que nuestros cuerpos se confundieran hasta escalar al unísono la cima del deleite.
Son...risas

Hoy vi la más hermosa de tus sonrisas. Aquella que brotó producida por las cosquillas de mi bigote en tus labios. Después, cuando las humedades de nuestras bocas se atrajeron, mejorándose en una sola, dejé de verla…porque cerré los ojos.
Modelando el deseo

Su cuerpo, desnudo y hambriento de sensaciones, se dejó acariciar por el aire, impregnado de ausencia, de aquella habitación. Se colocó frente al espejo para simular una presencia que no le acompañaba y con una lentitud pasmosa sus dedos suaves, ella anhelaba unas manos más rugosas, fueron modelando su figura con esa exquisitez que sólo una se sabe dar.
Dibujó su cuello de grandes líneas que se agitaba acompasando los movimientos de su pelo negro que caía acariciando sus hombros. Trazó líneas invisibles alrededor de su ombligo, mientras hormigueos incesantes se alzaban en torno a su barriga. Dirigió su mirada hacia sus pechos que parecían haber superado, por unos momentos, la habitual caída que les imponía la fuerza de la gravedad. Sus pezones oscuros atraían su mirada como si estuviera mirándolos con ojos ajenos, saludando la presencia cercana de los dedos, que amasaban aquellas protuberancias carnosas, tan necesitadas de caricias ajenas, como si estuvieran dándoles formas. Se acercaron sus dedos en varias ocasiones, como quien no quiere la cosa, a aquellos pezones coronados que, ahora endurecidos como pedernal, sobresalían de puro deseo. No resistió más aquel juego y sus uñas brillantes, cual pinzas afiladas de langosta, se cerraron a la par sobre sus pezones. Dolor y placer se fundieron en un solo gesto que hizo que una sacudida en forma de “S” sacudiera todo su cuerpo. Se derrumbó sobre el colchón con una respiración agitadas que empujó las manos hacia su más gustosa y solitaria de sus hoquedades.. Sus dedos gustaron el tacto sedoso de aquel pubis desnudo absolutamente de vello y se hundieron en el líquido viscoso que segregaban aquellos excitados labios. Acercó su mano derecha chorreante a sus otros labios para saborear en ellos el sabor agridulce de su sexo, con el que soñaba saciar la sed ansiosa de una boca rebosante de deseo. Sus dedos volvieron presurosos a recorrer aquellas lindes inferiores y con su mimosa caricia abrieron al deseo cada poro de su piel. Abrió la caja que tenía a su lado y sacando aquel objeto metálico que le había consolado en tantas soledades, se abrió de piernas, introduciéndolo hasta lo más profundo, Le gustó el sentirlo abrazado por su interior, pero aún más cuando lo fue sacando y metiendo al ritmo que se lo pedía su cuerpo, primero más despacio y luego acelerando hasta que llegó un momento en que no parecía ser su mano la que dirigía aquellos movimientos. En ese instante, el corazón pareció subirle a la parte superior del pecho, su respiración se aceleró, hasta que un fuerte suspiro pareció romper la tensión estirada de un hilo invisible. Se derrumbó sobre el colchón, pero aún su cuerpo dio dos o tres sacudidas más, involuntarias.
Se colocó, entonces, boca abajo y escondiendo su cabeza entre sus brazos, sollozó durante largo rato, bañando las sábanas en lágrimas de soledad.
Laberinto

Hay momentos en el día en que más que tener nostalgia de que tus besos de pasión rompan en olas contra mí, me gustaría perderme por el meloso laberinto de tus besos suaves y, sobre todo, que una vez dentro, se cerraran todas las salidas.
Cuatro palabras

Despertó, como si lo hubiera hecho, con el sonido mudo del despertador, estaba de vacaciones, y le alegró soñar en duermevela y escuchar los primeros sonidos del amanecer al otro lado de la ventana, mientras remoloneaba en la cama.
Su cuerpo, carente de álguienes, recibió agradecido el sorpresivo contacto, sobre su pecho, del rostro de ella. Éste sólo se posó, pero fue lo suficiente para que toda su piel, desde los pies hasta la cabeza, clamara en silencio para que el liviano contacto se transformara en amplio tacto. No quiso moverse temiendo que aquella pose delicada cesara en cualquier momento, mientras notaba como el deseo iba abriendo, uno tras otro, todos sus poros y endureciendo su más sensitivo instrumento.
Los minutos transcurrieron lentos y lo que en otro momento hubiera sido plácido, en esta ocasión, eran tensos de pura ansia. Desobedeció aquella orden de su mente que le imponía quietud y cogiendo la mano lánguida de ella, depositó su dedo índice sobre su tetilla, queriéndolo convertir en el que aprieta el gatillo; pero aquella mano se puso en movimiento, alejándose de aquel corpúsculo de placer concentrado, originándole un intenso dolor de los que no se atenúan con analgésicos. Insistente, acercó ahora, aquella mano a sus labios, para sentirla y reconstruirla con su la dulzura de su saliva, pero ahora el alejamiento fue más brusco e inequívoco. Miró los labios de ella y pudo adivinar que se cerraban sobre sí mismo, pero aquel instantáneo goce sucumbió en décimas de segundo cuando de su boca sólo brotaron cuatro palabras:
-Me voy a levantar.
La desgraciada sorpresa finalizó con un beso de “the end” y mientras el cuerpo de ella se alejaba, dándole la espalda, paradójicamente comenzó a sentirse menos solo y pensó que ya iba siendo hora de que se terminaran aquellas vacaciones.
Escribiendo sobre ti...

Acomódate, para que pueda ir trazando sobre las líneas de tu cuerpo el argumento de nuestra gozosa historia…sin final.
Tus lágrimas de despedida...

...regadas sobre mi cuerpo, harán brotar en él hermosas flores, para que cuando regreses, pueda tenerte preparado, para recibirte, el más hermoso ramo que pudieras imaginarte.
Obertura en Sol mayor

Me resulta imposible, a pesar de los días transcurridos, olvidar nuestro encuentro.
Era un día de sol brillante y aún vibra mi cuerpo, al recordar con qué habilidad y destreza la dulcedumbre de los cinco dedos de tu pie fue capaz de lograr la obertura, extrayéndome una exquisita y fluida melodía de mis cuerdas más sensibles.

